Evocación a Esteban Maradona, en el Día Nacional del Médico Rural en Argentina

Desde el año 2001, cada 4 de julio se celebra en Argentina el Día Nacional del Médico Rural. La conmemoración se da en homenaje al nacimiento del Doctor Esteban Laureano Maradona y es un reconocimiento al destacado y desinteresado trabajo que realizó durante toda su vida: naturalista, maestro rural, tipógrafo, periodista, escritor, filósofo y filántropo.

Esteban Laureano Maradona nació el 4 de julio de 1895 en el pueblo de Esperanza, provincia de Santa Fe, donde su padre se encontraba circunstancialmente para inaugurar el primer Congreso Agrícola del país. Tiempo más tarde su familia se trasladó a “Los Aromitos”, una estancia en Barrancas que su abuela había heredado sobre las costas del Río Coronda, también en la provincia de Santa Fe.

Cursó sus estudios secundarios en la capital de Santa Fe y más tarde se trasladó a Capital Federal para estudiar medicina en la Universidad de Buenos Aires. “No me gustaba ese aire elitista y aristocrático que tenía la universidad de aquel entonces. Los estudiantes iban con galerita, y yo, como buen rebelde, aparecía por las aulas con un enorme chambergo de tipo criollo”, contó sobre su paso por la universidad.

Se graduó de médico en el año 1930 y viajó a Resistencia, Chaco, donde instaló un consultorio, luego se trasladó a la Isla del Cerrito debido a la gran epidemia de lepra que había en ese lugar y construyó un espacio sanitario para la atención de los enfermos. Allí, publicó artículos periodísticos sobre la lepra, lactancia e incluso sobre la defensa de los derechos de los trabajadores, lo que le costó algunas enemistades.

Luego, el doctor Maradona ofreció sus servicios de médico en Paraguay, país en el que conoció y se enamoró de Aurora Ebaly. Justo cuando se radicó en suelo guaraní comenzaba la Guerra del Chaco Boreal y, ante la necesidad que se presentaba, ofreció sus servicios y pudo ejercer la medicina en el Hospital Naval donde poco tiempo después fue designado director.

Al terminar la guerra y luego de que su esposa falleciese, el doctor Maradona regresó a la Argentina y, el destino lo llevó a conocer la localidad formoseña de Estanislao del Campo, lugar en el que encontró su vocación como médico rural.

“El tren que me llevaba a Tucumán, donde vivía mi hermano, estaba a punto de arrancar. Con mi viejo maletín de médico en la mano, estaba sólo, parado en el andén del pasaje Guaycurú (hoy Estanislao del Campo) y pedían a un curador, y a los gritos desesperados me hicieron subir a un sulky y me interné en la espesura del monte sin importarme el tiempo que me llevaría el auxilio”.

Esteban perdió el tren, pero sin pensarlo ni buscarlo, encontró en ese paraje la misión de su vida.

En ese pueblo echó raíces. Su salario era pobre, pero siempre atendió gratis a todos los habitantes de la zona: comunidades de aborígenes matacos, mocovíes, pilagás, tobas. El doctor había expresado en algunas oportunidades que sentía un “gran dolor en el corazón al ver a los indígenas que estaban como seres postergados, que habían sido despreciados, explotados y tirados al olvido durante siglos”.

En su casa-consultorio vivió en la simpleza, liviano y despojado de lo material. Quizás eso hacía que no se distraiga en lo vano, pero lo conectaba con la sabiduría y abundante obra científica y social. “Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado”, explicaba el “Doctorcito Dios”, como lo llamaban sus vecinos, o “Piognac”, su sinónimo en pilagá.

Fue nominado varias veces para el premio Nobel. Pero él confesó que no quería recibirlo, y aseguró que si lo obligaban a hacerlo, donaría todo el dinero a los niños, ya que su mayor deseo era que el día que él muriera no quedara “ningún chico sin saber leer ni escribir y sin atención médica en el país”.

Modesto, afirmaba: “No hice otra cosa que cumplir con mi juramento hipocrático de hacer el bien al prójimo”.

Maradona falleció el 14 de enero de 1995 en la ciudad de Rosario a los 99 años, dejando un gran legado humanitario y más de 22 libros escritos.-