Para no partir más al medio el ambiente

A partir de una demanda de algunos de los productores de la región, que les plantearon en más de una oportunidad a los investigadores de la Chacra Experimental Integrada Barrow la necesidad de contar con un sistema de producción alternativo al dominante, se gestó el Módulo Agroecológico, que hoy ya acumula 13 años de experiencias. Este gran ensayo, que fue el primero en realizarse en una estación del INTA a nivel país, está comandado desde su nacimiento por el ingeniero Martín Zamora. Y se ha convertido, a partir de los resultados positivos obtenidos, en una prueba concreta que se puede producir sin el uso de insumos químicos.

Con el Día Mundial del Medio Ambiente como disparador ideal, el investigador de la Chacra realizó un repaso de cómo fue evolucionando el Módulo. Adelantamos la conclusión que él mismo dio al final de la charla: “La agroecología es un sistema sustentable en lo económico, en lo productivo, en lo social, en lo ambiental y en lo cultural”.

EL INICIO

El actual sistema de producción, basado en la aplicación de fertilizantes y agroquímicos, con poca cantidad de cultivos participando de la rotación y con la ganadería acorralada en los bajos -en el mejor de los casos-, mostraba claros signos de agotamiento. Malezas resistentes, degradación de suelos, la necesidad de aplicar cada vez más fertilizantes, la aparición de nuevas plagas… Así surgió entonces la iniciativa de armar el módulo.

“Nosotros desde la agroecología lo que hacemos es construir la fertilidad del suelo y aumentar la biodiversidad. Tenemos una mirada mucho más sistémica y pensando por qué se hacen las cosas”, explica el ingeniero.

“Es la mirada de lo que hoy llamamos también agricultura regenerativa, de regenerar la fertilidad natural de los suelos para que las plantas crezcan sanas y no tengan problemas de deficiencia de nutrientes, de plagas y de enfermedades”, agrega.

Hoy el módulo tiene 10 hectáreas y está dividido en dos, haciendo la misma rotación en ambos pero desplazada para poder evaluar todos los años los mismos cultivos. Se siembran además cultivos de cobertura y en ambos pastorea la hacienda. Pegado se recrea la misma rotación pero con el sistema tradicional de producción, es decir, con aplicación de insumos químicos. El escenario lo completan los corredores biológicos en los que no se interviene, así se logra que contengan la biodiversidad natural que existía antes del paso de la agricultura y la ganadería.

“Esas mismas plantas atraen un montón de insectos y polinizadores que son también naturales, y que terminan complementando lo que sucede en el módulo”, cuenta Zamora, quien destaca la participación de Eduardo Sarandón y también de Eduardo Cerdá en el inicio de la tarea. Fue determinante la experiencia que estaba llevando a cabo en su campo de Benito Juárez el productor Juan Kiehr. Además de visitarlo varias veces, tomaron conceptos y manejos que se aplicaban en “La Aurora”.

Está dicho, una de las primeras cuestiones a las que se apuntó en el módulo fue a aumentar la biodiversidad o la diversidad de especies vegetales. “Incorporamos gramíneas como el trigo, la cebada, el sorgo o maíz junto con leguminosas, como la avena vicia, el trébol rojo o bien la soja, con la idea de colocar, en el mismo área cultivada, varias especies. Esto apunta a lograr cobertura de suelo, que permita minimizar la aparición de malezas, sin el uso de herbicidas. De esta manera, reducimos la posibilidad de que emerjan plantas que puedan dañar a los cultivos”, cuenta Zamora.

“Con esa técnica básica, logramos que el terreno se mantenga fresco, húmedo y activo. Los nutrientes están continuamente reciclándose, y eso conserva ‘vivo’ el lote”, completa.

Esto también trae otro tipo de bondades: “Ante la aparición de una plaga, nosotros necesitamos tener lugares en los que aniden los insectos benéficos, que son aquellos que luego se van a comer o van a contribuir a que disminuya la población de los que dañan al cultivo”, dice.

“Así fuimos avanzando hasta que en 2016 recibimos la primera visita de productores que se sorprendieron con lo que vieron en el módulo y muchos decidieron empezar a aplicarlo en sus campos”, recuerda Zamora. Hoy son tres los grupos de Cambio Rural agroecológicos que hay bajo la órbita de la Chacra.

RESULTADOS

Las comparaciones realizadas a lo largo de todos estos años entre el módulo bajo el sistema agroecológico versus el módulo con el sistema predominante inclina la balanza en forma contundente hacia el primero. “Tomando 13 cultivos de la secuencia en la rotación, el sistema agroecológico mostró rendimientos de grano y carne aceptables durante los primero años, y luego de estabilizarse los rendimientos, fueron similares al actual. Mientras que los costos directos fueron 60% inferiores”, cuenta Zamora.

“Esta experiencia demostró que el margen bruto por cultivo y global del sistema agroecológico duplicó el valor obtenido en el sistema actual”, agrega.

“El manejo basado en el aumento de la biodiversidad y el fortalecimiento de procesos biológicos e interacciones de los componentes del sistema disminuye la necesidad de la utilización de insumos, reduciendo los riesgos y aumentando la viabilidad productiva”, completa el investigador.

Estos resultados obtenidos en el módulo no solo que fueron refrendados en los campos de los productores que trabajan bajo el enfoque agroecológico y participan en el programa de Cambio Rural, sino que incluso ellos lograron aún mejores.

“Está claro que el camino es por acá. Y también sabemos que falta generar mucha información, que recién conocemos una porción muy pequeña”, dice Zamora mientras camina con satisfacción por el módulo agroecológico que él supo construir y sirvió de impulso para que hoy sean más de 15 las estaciones experimentales del INTA que lo implementen.-

Fuente: «La Voz del Pueblo».-